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junio 25, 2026Carlos B. Zetina, un momento de historia en nuestra escuela.
¿Por qué la necesidad de nombrar las calles, las escuelas, las plazas, los hospitales, los edificios? Pierre Nora nos da la respuesta: Es una manera de perpetuar la memoria y vivirla. En su obra Los lugares de la memoria, nos habla de esa necesidad de crear memoria (que el propio Nora lo “define” como ese presente vivido) y justo estos lugares (no entendidos como lugares físicos) son los que permiten esa preservación de la memoria, “de un momento de historia arrancado a un momento de historia”[i] Nora pone de ejemplos a La Marsellaise, al 14 de Julio y los monumentos a los caídos. Si lo pudiéramos trasladar al caso mexicano, bien podríamos hablar de la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, el Himno Nacional o, incluso, la tradición de la Ofrenda del Día de Muertos. El nombre de una escuela también podría funcionar como tal.
¿Por qué hablar de esto? Porque nuestra escuela, como una ceremonia, como una calle o como una plaza, arranca un momento de la historia nacional, (a un personaje, si parece más correcto): Carlos B. Zetina (nombre que también recibe una escuela primaria en Ciudad Serdán[ii] y una calle en la ciudad de México).
Carlos Borromeo Zetina Mena nació en San Andrés Chalchicomula, Puebla en 1864. Al terminar su instrucción primaria, es enviado a la ciudad de Puebla para desarrollarse en diferentes labores que ayudaran económicamente a su familia debido al temprano deceso de su padre. Es en la Angelópolis que, bajo el amparo de Lorenzo Osorio, que aprende las técnicas propias de la fabricación del calzado en la cual se desarrollará más adelante al punto de tener él mismo su propia fábrica[iii], la “Excélsior”, que contó con las primeras máquinas especializadas para la producción a niveles industriales en el país[iv]. Al parejo del desarrollo de su fábrica, también introdujo una “prestación” laboral incluso antes de que se obligara a ella: El reparto de utilidades entre los trabajadores de la “Excélsior”[v]
A la par de sus actividades industriales, también se dedicó a la política. Fue diputado por el distrito de Tacubaya del Distrito Federal en la XXVI Legislatura del Congreso de la Unión, aquella legislatura que sufrió la disolución tras el golpe de Estado de Victoriano Huerta a Madero provocada por el discurso de Belisario Domínguez denunciando la traición del nacido en Colotlán; Jalisco al “Apóstol de la Democracia”[vi]. Leonor Ludlow, historiadora, nos comenta también de la participación de Zetina en la Comisión Monetaria creada por Venustiano Carranza en abril de 1916. El fin de este organismo era el de poner orden en el sistema monetario del país tras un momento de la historia en que se emitió moneda de manera indiscriminada en todo el país durante el proceso revolucionario y que, en pocas palabras, sería el antecesor del actual Banco de México[vii]. A Carlos B. Zetina le correspondió el manejo de las antiguas emisiones en metálico que ingresarían a la Tesorería General de la Federación para su posterior emisión en los infalsificables (la emisión que correspondería hacer a la Comisión Monetaria)[viii]. Asimismo, se desempeñó como segundo senador por Puebla en la XVIII Legislatura.[ix]
En medio de la revuelta generada por el Plan de Agua Prieta (que desconocía al presidente Venustiano Carranza debido a su intromisión en el proceso electoral de ese año), el diario El Demócrata mencionaba que la candidatura de Carlos B. Zetina para ser nombrado presidente interino de México tenía bastantes adeptos en el interior del Senado de la República, candidatura que “rivalizaba” con las de otros personajes como Juan Sánchez Azcona, Fernando Iglesias Calderón y Antonio I. Villarreal, entre otros[x]. Ya con el asesinato de Carranza el 21 de mayo de 1920, la figura que se impuso para ese puesto fue la de Adolfo de la Huerta, que gobernó el país entre el 1 de junio y el 30 de noviembre de 1920 (a quién le correspondió entregarle el poder a Álvaro Obregón tras ganar las elecciones presidenciales de ese año).
Hablar de Carlos B. Zetina nos lleva, incluso, a pensar en el contacto que estableció con él Álvaro Obregón en 1919 para su candidatura a la presidencia de la República en las elecciones de 1920. El propio Zetina, en su momento, explicó que prefería apoyar a un candidato civil, pero, con el paso del tiempo y con una carta de Obregón, “rectificó” diciendo que para el poblano es idóneo apoyar a un candidato cuyo respaldo viniera de la opinión pública y no del poder[xi].
Falleció en la Ciudad de México un 6 de agosto de 1927, cuando era parte del Consejo de Administración del Banco de México.
Son estas cosas, junto con otras tantas que no caben en unas cuantas cuartillas, es que justo nuestra escuela se ha convertido en un lugar de la memoria adoptando el nombre de tan ilustre poblano.
[i] Pierre Nora, Los lugares de la memoria, (Montevideo: Ediciones Trilce, 2008), p. 25.
[ii] Redacción, “Padres de familia realizan limpieza en escuela de Puebla ante falta de personal de mantenimiento”, Nmás, 27 de mayo de 2026, https://www.nmas.com.mx/puebla/sociedad/educacion/manifestacion-padres-primaria-carlos-b-zetina-ciudad-serdan-puebla-falta-personal/
[iii] Juan Sánchez Azcona, “Mis contemporáneos”, en Juan Sánchez Azcona, Gloria Sánchez Azcona (comp.), (México: Senado de la República, 1987), pp 241-243.
[iv] Mariana Norandi, “El zapato, más que una protección para el pie, todo un objeto de moda” en La Jornada, 24 de febrero de 2002, https://www.jornada.com.mx/2002/02/24/06an1esp.php?printver=1
[v] Sánchez Azcona, óp. cit., p. 243.
[vi] Diario oficial de los Estados Unidos Mexicanos, 30 de septiembre de 1912.
[vii] Leonor Ludlow, “la comisión monetaria durante el carrancismo, 1916-1920”, en El Banco de México a través de sus constructores, 1917-2017, Leonor Ludlow y Eugenia Romero (coords.), (México: Instituto de Investigaciones Históricas/Facultad de Economía-Universidad Nacional Autónoma de México, 2019), p. 17-18.
[viii] Ibidem, p. 35.
[ix] Diario de los Debates del Senado de México, 31 de agosto de 1918.
[x] El Demócrata, 13 de mayo de 1920, p. 3.
[xi] “Carta de Carlos B. Zetina a Álvaro Obregón”, 23 de agosto de 1919, Fondo Ávlaro Obregón, Biblioteca “Daniel Cosío Villegas” de El Colegio de México, México.



